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Un milagro en navidad
Por: José Manuel Guzmán Godos

  
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Sonó el teléfono en casa de Eric Schmitt, exsoldado Norteamericano. Del otro lado de la línea, una voz ansiosa y desesperada. Era una enfermera. Hablaba desde el hospital con un tono de mucha urgencia. Eric debía caracterizarse y acudir al hospital inmediatamente. Un niño de cinco años, enfermo de cáncer estaba a punto de morir.

En épocas navideñas Eric se vestía de Santa Claus y se tomaba fotografías con los niños que le solicitaban por medio de sus padres. Esto ocurría en la ciudad de Nashville.

Aquella tarde de diciembre sería muy diferente. Con la premura del caso, Eric apenas pudo ponerse una camisa y salir de prisa hasta el hospital.

Era un hombrón regordete de 60 años de cabello cano y largo, luenga barba, y un bigote retorcido. La mismísima representación de Santa Claus.

Por eso se tomaban fotos con él. Por eso la enfermera lo mandó llamar.

El pequeño paciente le externó: “Sé que voy a morir; Navidad está cerca. ¿Me puede ayudar para que yo conozca a Santa Claus?

La enfermera tragó saliva. Pensó en Eric, el exsoldado. No dudó en llamarlo. Eric accedió y se apresuró al hospital.

Su madre, llorosa, le recibió en la puerta del hospital y le dio un regalo para que se lo entregara al pequeño.

Eric se apresuró hasta la cama donde yacía el niño débil, pálido y con la mirada lánguida.

- Hola, soy Santa Claus y vine a verte.

- ¡Santa, deseaba tanto conocerte!

Los dos se fundieron en un cálido y prolongado abrazo.

- Sé que voy a morir.

- Hijo, no debes perderte la Navidad.

- Todos dicen que estoy muy enfermo y que moriré. Dime, como sabré a donde ir. ¿Qué diré cuando llegue a dónde voy?

Eric se sintió estremecer…

- Diles que eres el duende favorito de Santa Claus. Con esas palabras te reconocerán y te dejarán pasar.

El niño se arrojó a los brazos de Eric… permaneció unos momentos así, y enseguida murió.

Los doctores, las enfermeras y la madre del niño se percataron de lo ocurrido. La madre corrió hacia la cama del niño exclamando: ¡Nooo… aún no!

Todo había terminado. Con lágrimas en los ojos Eric abandonó el lugar conmovido pero con el sentimiento de haber hecho un gran regalo espiritual a un niño moribundo y haber cumplido con una misión de consuelo que pudo realizar atendiendo el llamado de la enfermera.

El exsoldado quedó tan impactado con la experiencia que confesó que a pesar de que había visto la muerte y experimentado el dolor muy de cerca, jamás se había sentido tan profundamente impactado con una experiencia similar. Le costó mucho trabajo volver a incorporarse a sus actividades decembrinas y aún llora cuando recuerda el episodio o tiene que contar la historia otra vez.

Para el niño, la enfermera y la madre, esto fue un milagro de Navidad.

Para el exsoldado una oportunidad para hacer un obsequio y vivir emociones que le cambiarían la vida y su comprensión del mundo espiritual.

Saludos Cordiales.

27/Diciembre/2016
 
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