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El Poder del Cliente
Por: José Manuel Guzmán Godos

  
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Recientemente, acudí a la Plaza de la computación para conseguir el cable de conexión de mi computadora.

Me acerqué a una tienda que se veía con buen surtido y con una buena cantidad de clientes potenciales.

¡Cielos! Qué suerte para este negocio que a pesar de las dificultades económicas, tengan tan buena aceptación por sus productos de alta demanda (aunque sean chinos, y no de tan buena calidad)

Me acerqué a una vendedora, le saludé: Buenas tardes, ¿tiene cable de computadora como este? (Le mostré mi cable viejo)

Sin mirarme, siguió guardando un teléfono en una bolsita de plástico y dijo en tono molesto: ¿Qué marca es la computadora? Dell, le dije.

Sacó un cable de una cajita y lo abrió…

Le pregunté: Oiga, el tamaño de la pila es muy ancho ¿tiene uno que tenga la pila más chica?

¡No! ¡Es el único que hay! Y casi lo avienta hacia dónde yo estaba.

Le comenté ¡oiga, no se enoje, es sólo una pregunta…! ¿y, se puede probar?

Sí, contestó agriamente ahí está el enchufe! ¿Qué no lo ve?

Le comenté: No necesita ser grosera…

Si no le gusta váyase a comprar a otra tienda… sólo le comenté:

Con mucho gusto ya veo que no le gusta trabajar, ni vender, ni atender a sus clientes de los cuales come… ¡buenas tardes!

No fue una buena experiencia, obviamente… caminé unos metros y en cinco minutos y con una buena atención, compré el cable que necesitaba.

Qué gran disgusto estar en manos de gente tan inepta, tan antiprofesional, tan impreparada y que ocupa un puesto en una empresa y no tiene ni la más miserable idea de la misión que tiene cuando le conceden una posición que no merece ni sabe trabajar.

De ese tipo de personas está lleno el mundo de servicios en este país… desgraciadamente. Pocos son los que se esmeran y comprenden la importancia del buen trato, de la amabilidad y el buen servicio y trato al cliente.

Pero les diré algo: como cliente, soy poderoso, en primer lugar, no le dejaré mi dinero a una persona grosera, y poco preparada, y en la medida de lo posible, comentaré a mis amigos del mal servicio de que fui objeto y les diré que no compren ahí…

Es como una enfermedad ese tipo de indiferencia al cliente que va a dejar dinero a tu negocio y recibe un mal servicio.

Aunque sea por compromiso y por conveniencia, traten bien a sus clientes… de ellos comen, no de su trabajo… de sus clientes.

Si usted no sabe cómo tratar a sus clientes y necesita trabajo, no trabaje con gente, barra calles, limpie chiqueros, limpie baños, lave coches, sea cargador, cave tumbas, limpie coladeras, sea cargador y trabaje con cosas, enciérrese y trabaje con equipo electrónico, pero por ¡el amor de Dios!

¡No trabaje con gente!

No tiene derecho de tratar groseramente a quien le da de comer.

Es una desgracia el bajísimo nivel de servicio al cliente… es malísimo… dicen un día de entrega y no se cumple, dicen un precio y en cinco minutos es otro; dicen una calidad de servicio y no se cumple…

Si abren un negocio, morirá pronto si no entrenan a su gente para dar un servicio de excelencia.

Recuerden un buen servicio a sus familiares más queridos y a sí mismos…

¿No se fueron muy felices de dejar su dinero en un lugar en donde se sintieron bienvenidos, respetados, bien atendidos, cordialmente tratados, con un precio justo y un servicio cordial y amable?

Piénsele… usted también es cliente. Llévese esta frase de Tagore: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”

Saludos cordiales

03/Agosto/2016
 
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