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La Lapidación de Soraya
Por: José Manuel Guzmán Godos

  
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Un caso de la vida real que aconteció en Irán apenas en el año 1990. El trato que se les da aún a las mujeres que están sujetas a las leyes del Islam y que, aún en pleno siglo XXI están desposeídas de derechos aunque cumplan con sus obligaciones.

Este caso, aparte del impacto que causó a nivel mundial, debe servir a las mujeres occidentales y europeas que se vuelven locas por tener un marido musulmán radical, y un ejemplo a las mujeres mexicanas para que aprecien las grandes ventajas y libertades de que gozan sin que se den cabal cuenta de todos los beneficios de que disfrutan.

Lapidar significa matar a pedradas. Es una costumbre ancestral de algunos países asiáticos tales como Irán, Afganistán, Israel y otros países africanos como Somalia y Nigeria, según una reciente investigación realizada por el diario español El País.

Un corresponsal de guerra Franco - Iraní de nombre Freidoune Saheloján es comisionado para cubrir el frente en Irán. Su auto sufre una avería y es trasladado por un camión de pasajeros local y llevado a un rústico taller mecánico en un pueblo alejado de la ciudad.

Una vez explicado el problema, el periodista comienza a ser perseguido por una mujer quien es considerada como loca por los hombres del pueblo, quienes hacen hasta lo imposible por impedir que ésta tenga alguna plática con él, lo cual no consiguen.

La mujer, Zhara, es tía de Soraya quien es casada, con dos hijas y dos hijos y un marido ambicioso que quiere deshacerse de ella, para casarse con una chiquilla de 14 años, lo cual permite el Islam. El marido pretende casarse con la jovencita, pero sin pasar manutención a los cuatro hijos y a Soraya y sin regresarle la dote, lo cual deja a Soraya en total indefensión y sin futuro. Incluso sugiere al Mulá (especie de sacerdote de su religión) que la tome como concubina, lo cual también permite el Islam.

El sacerdote lo insinúa, pero la tía se da cuenta, se indigna y lo hecha de su casa.

La tía, Zhara da refugio físico y espiritual a Soraya.

Una amiga de Soraya fallece; deja un esposo viudo y un hijo adolescente en desamparo; el hombre, incapaz de atenderse y atender a su hijo, solicita a Soraya que le ayude en los quehaceres domésticos y en apoyar a su hijo.

Aparentemente, y ante la aprobación de la tía y todo el pueblo, ven bien que el viudo tenga quien le apoye y la mujer separada del marido, tenga un ingreso.

Sin embargo, el marido y el Mulá, urden un plan para acusarla de adulterio al difundir que Soraya se nota muy familiarizada con el viudo, se queda más tiempo y comienzan el rumor de que Soraya tiene un amorío con el viudo.

A base de rumores, el marido la acusa de adulterio y todo el pueblo se entera. Es tanta la insistencia del marido y apoyado por el Mulá, que el supuesto adulterio, llega a oídos del Alcalde del pueblo. Se da a la tarea de reunir datos al respecto y todo parece acusar a Soraya, quien con el afán de hacer bien su trabajo y tratar bien al viudo, su actitud amable, servicial y risueña, provoca que la señalen como adúltera.

La sentencia: Lapidación.

La inmovilizan y la entierran de la cintura para abajo. Su padre, reniega de ella; la tía, no puede defenderla más, ya que es separada de ella a la fuerza por varios hombres; las mujeres lloran, pero no hacen nada… no pueden hacer nada; su propio padre la apedrea; sus propios hijos varones la apedrean; el marido ofendido la apedrea, sigue el Mulá, el Alcalde y después, todo el pueblo.

El aberrante crimen se consuma; un acto más de crueldad se ejecuta… no se le permite a los familiares enterrarla; lo más que autorizan es que la dejen a la intemperie cerca del río. Los perros la devoran. Su tía, solo puede rescatar y enterrar algunos huesos descarnados.

Zhara alcanza a contar todo esto al periodista quien lo graba, sale con mucho trabajo del lejano y asesino pueblo con amenazas y lo difunde en forma de libro, aún a costa de su propia integridad. Posteriormente se difunde como película, que vale la pena ver y puede ser encontrada en YouTube.

El aprendizaje tendría que ser: apreciar que, con todas sus fallas, la religión que se profesa en este país otorga una gran libertad a las mujeres; con todas sus carencias y costumbres “machistas” el hombre de este país, guarda muchas consideraciones y buen trato a sus parejas por regla general; la real o aparente infidelidad femenina, no se castiga apedreando a las mujeres.

Hay mucho por aprender todavía en este país, pero no se practica la ablación (extracción del clítoris a las mujeres para impedirles el placer) ni se practica la lapidación.

Invito a todos los lectores de estos artículos, pero en especial a las mujeres, y sobre todo a las feministas a que vean esta película: “La lapidación de Soraya” o lean el libro “El secreto de Soraya” para que se den cuenta en el maravilloso lugar en el que viven, las libertades y consideraciones que tienen y que le bajen dos rayitas en su percepción de lo que es el “malvado” hombre que tienen a su lado.

Saludos Cordiales.

30/Junio/2016
 
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