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Hacer Feliz a un Niño
Por: José Manuel Guzmán Godos

  
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Por muchas razones, los padres de ahora han olvidado una manera fácil, económica y significativa de hacer felices a sus hijos en la convivencia durante su desarrollo. En la generación anterior, la televisión fue usada como entretenedor de niños e incluso educador de los mismos; a tiempo presente, los celulares, tablets y computadoras han acaparado la atención y todos ustedes saben y el gran atractivo que representa para los niños y los jóvenes y que impiden una convivencia más directa, tanto con sus propios padres como con la naturaleza.

Entre las sensaciones más placenteras, se encuentra la de trepar un árbol, si usted lo experimentó cuando niño… ¡felicidades! ¡Los recuerdos son inolvidables! Y si el árbol es frutal y se puede cortar un fruto y comerlo fresco… mucho mejor! Y si esto se realiza varias veces en niñez, usted se convertirá en un padre inolvidable.

Acompañe a su hijo o permítale que brinque sobre los charcos y se moje… o se enlode y llegue a casa cansado… y mugroso! Nada le ocurrirá, salvo atesorar recuerdos de eventos felices junto a su padre (y primos, amigos o hermanos).

Permitirle que en un bosque o en una región tropical, escuche el canto de las aves, tanto al amanecer como al caer el sol. La alharaca de los pájaros antes de dormir quedará grabada para siempre en su mente infantil. Procúresela.

Hacerle, de preferencia, un columpio de cuerdas en donde al final, sostenga una llanta vieja en donde pueda mecerse a placer durante largo tiempo, o llevarlo a donde hay y que experimente esa sensación.

Llevar al niño a un lugar desde el cual pueda rodarse hacia abajo repetidas veces vigilando que no sea tan empinada la cuesta, sufrirá tal vez algunos raspones, pero la felicidad del momento, el recuerdo agradable y la felicidad generada, le durarán toda la vida.

Hacer con él y volar una cometa, papalote o pandorga. Parece mentira que haya niños que no hayan vivido esa experiencia. Si no hay la habilidad para hacerla, se puede comprar en alguna tienda especializada. Será una vivencia feliz que se conservará ¡para siempre!

Hacer una guarida. En donde haya espacio y jugar en ella. O en el bosque, en alguna excursión de domingo fabricarla y pasar un largo tiempo en ella.

Acampar en una montaña o bosque, hacer una fogata y asar salchichas y bombones ensartados en una rama seca y puntiaguda.

Correr y mojarse bajo la lluvia y llegar a casa empapados. Esa experiencia no tiene sustituto.

Estas son algunas actividades que un niño menor de once años no se debe perder y que sus padres le pueden proporcionar guardando la debida precaución.

Todas estas sensaciones las experimentó el que esto escribe, y son sensacionales.

Es muy triste ver ahora niños pegados a su celular viviendo sensaciones virtuales y dejando de lado vivencias más significativas por falta de visión de sus padres…. así que padres progenitores de esta nueva generación, procúrenles a sus hijos de estas simples pero benévolas diversiones. Lo recomienda alguien que las vivió todas y las recuerda como experiencias formativas inolvidables.

Saludos cordiales.

02/Septiembre/2015
 
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